Inventario
Sobre lo que guardan las prendas en mi closet
Dos vestidos negros que guardo para una ocasión especial que parece no llegar.
El azul de figuras asimétricas que escondí porque las extravagancias van unidas a las malas decisiones.
El de animal print que uso cuando pretendo ser otra; ligera y despreocupada como las mujeres que admiraba a los dieciséis.
O el cuerpo rindiendo cuentas
El rosa de botones hasta la rodilla y que abrocho con cuidado porque temo que se note demasiado la herida que esconde.
El verde pistache que aprendió antes que yo donde inicia mi cintura y comienza el calor entre las piernas.
El negro de satín al que no he vuelto porque su textura me recuerda a la suavidad de unas manos que me tocaron cuando no quería.
O el cuerpo pidiendo pruebas
El guinda hasta las rodillas, que oculto junto con el rostro de quien herí.
El verde que descosí con alevosía, rompí sus tirantes y convertí en algo más. Igual que a mí al intentar encajar.
El rojo que me persigue con la mirada porque sabe que anhelamos el goce de sentir sin dolor.
O el cuerpo exigiendo respuestas
El naranja de espalda descubierta que no he usado porque la coquetería no se me da bien y temo no corresponder al atrevimiento que lo envuelve.
El dorado de rayas cafés que me obligué a usar para una boda en la que no creía, pero sonreí para las fotos.
El azul metálico con el que bailé toda la noche. El vestido que guarda en sus encajes el nombre de quien decía quererme.
O el cuerpo buscando consuelo.
El azul cielo que acompañó mi desenfreno en un baño de una fiesta. Los besos dados y el vacío de no entender quién era yo ahí.
El de terciopelo. Otro día. Otro año. Otro lugar. Desentonando con cada canción de Jorge Drexler, una tarde de marzo.
El que me puse cuando quería que me deshojaran de pies a cabeza.
El que me prometí no volver a usar porque sus pliegues me lastimaban el pecho.
O el cuerpo dejando memoria.
El de falda blanca y corsé negro que usé en mis quince años, y escondí por vergüenza.
El de estrellas con cola de sirena que compré por el impulso de sentir que era atractiva para mí.
El beige largo que usé la noche que salí a mendigar atención.
O el cuerpo gritando heridas.
El corto de rayas blancas que no me ata a nadie.
El morado de tela gruesa que guardo con pesadez y afecto.
El gris de cuello de tortuga en el que la mirada ajena me sostiene.
El de rayas de colores que uso cuando imagino que esta vez será diferente.
Tengo un vestido hecho a la medida del deseo y los sueños incumplidos.
O el cuerpo. Reclamando lo vivido. Decidiendo.



Me encantó el final lups ❤️